Año nuevo, URL nueva.

No te alarmes ni te preocupes, querido lector. No voy a hacerme un blog nuevo. Simplemente voy a migrar este mismo a blogger. ¿Por qué? Muy sencillo. Yo nunca elegí escribir en wordpress. Al principio de los tiempos, esto era un space, sí, de esos de messenger de los que ya nadie se acuerda ni usa entre otras cosas porque ya no existen. Como ya dije en su día, la compañía quebró, y se me obligó a migrar los textos a wordpress, que era el servidor con el que MSN había hecho el chanchullo, y no te daba opción a elegir otro. Le di una oportunidad al apaño, pero tras dos años de oportunidad, esto no hay quien lo mejore. WordPress es tan sencillo que es primitivo, así que me he decidido a poner fin a esto y pasarme al bando enemigo: este será mi blog a partir de ahora.

Hasta que nos olamos.

 

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2012

Hoy es la última vez que escribo en la fecha 2012.

Podría hacer un resumen y valoración del año 2012, que es lo que se suele hacer. Podría decir que ha sido maravilloso y que da pena despedirlo, que es lo que se suele decir de todas las cosas que se van. Pero sería mentir. 2012 no ha sido un año memorable. Lo he pasado estudiando, aburriéndome y esperando una solución que nunca llegó a problemas que se hacían cada vez más grandes. Han pasado cosas buenas, claro, pero menos que malas. Entre ellas el verano con mis primas, la Niña María y los momentos con mis amigos que cada vez son menos.

Los ingleses distinguen cuatro tipos de condiciones según la certeza que tienen de que se cumplan: las obvias, las probables, las improbables y las imposibles. Meten en las imposibles las que llevan los verbos en pasado, porque lo que ya sucedió, no se puede cambiar. No por mucho lamentarme va a mejorar un año que ya toca su fin, pero sí espero que el siguiente sea mejor. Sé que es lo que se dice todos los años y rara vez se cumple, pero la verdad, este año sí lo espero. A lo mejor es porque soy joven, o ilusa (que viene a ser lo mismo), pero creo que 2013 tiene papeletas para ser un gran año. Se supone que voy a acabar el instituto, me voy a Italia con mis compañeros, me voy a graduar, voy a pegarme un verano sabático sin tocar a Kafka, Primo de Ribera o Schrödinger y voy a empezar la universidad, si Dios quiere haciendo arquitectura. ¿Qué es lo peor que puede pasar? ¿Qué haya huelga de controladores y nadie vaya a Italia y nos pasemos los carnavales en el aeropuerto sin comida ni dinero porque los facturadores, muy majos ellos, no hacen huelga y nuestras pertenencias sí se han ido de viaje?  ¿Qué suspenda selectividad y tenga que pasarme todo el verano con Kafka, Primo de Ribera y Schrödinger para luego volver a suspender en septiembre? ¿Qué de repente haya una reforma en educación y ya no se pueda repetir 2º de Bachiller ni presentarse a selectividad dos años? ¿Qué tenga que buscar trabajo y sólo me contraten en la cafetería de la universidad viendo como la gente de mi edad bebe cerveza y juega al mus saltándose las clases en las que a mí me gustaría estar? ¿Que me paguen una mierda y que me quede encerrada en ese trabajo toda mi vida, y dando gracias por tener uno? Sí, eso es probablemente lo peor que puede pasar.

Pero si pasa, que pase con alegría.

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Desconocidos

Todas las personas empiezan siendo desconocidos. Y a veces, algunos desconocidos son escogidos, sabe Dios por quién, si por destino, azar o suerte, pero el caso es que son los elegidos para dejar de ser desconocidos poco a poco. Y a veces el proceso termina ahí. Pasan de ser desconocidos a conocidos. Punto. Pero otras veces, de conocidos pasan a colegas, y de colegas a amigos, de amigos a mejores amigos, y así sucesivamente. Y un día miras a tu mejor amigo y recuerdas cuando sólo era otro desconocido.

Es triste cuando el proceso sucede al revés.

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Pero no lo hacen.

– No puedo hacer esto, Sam.
– Lo sé, ha sido un error, no deberíamos ni haber llegado hasta aquí. Pero aquí estamos, igual que en las grandes historias, señor Frodo, las que realmente importan. Llenas de oscuridad y de constantes peligros, esas de las que no quieres saber el final, porque… ¿Cómo van a acabar bien? ¿Cómo volverá el mundo a ser lo que era después de tanta maldad como ha sufrido? Pero al final, todo es pasajero como esta sombra. Incluso la oscuridad se acaba para dar paso a un nuevo día. Y cuando el sol brilla, brilla más radiante aún. Esas son las historias que llegan al corazón, porque tienen mucho sentido aún cuando eres demasiado pequeño para entenderlas. Pero creo, señor Frodo, que ya lo entiendo. Ahora lo entiendo. Los protagonistas de esas historias se rendirían si quisieran pero no lo hacen. Siguen adelante. Porque todos luchan por algo.
– ¿Por qué luchas tú ahora, Sam?
– Para que el bien reine en este mundo, señor Frodo, ¡se puede luchar por eso!
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¿Importa lo importante?

Alrededor de medio siglo antes de nacer Cristo, un poeta romano invitó a sus contemporáneos a vivir el momento, a no pensar en el mañana, tan incierto que no sabemos si llegará si quiera. A esta actitud se la denominó carpe diem, y debe ser importante, pues yo la sigo viendo hoy. La veo en mi generación, banal, insustancial, preocupada únicamente por el hoy, por el qué me pongo, por a dónde voy el sábado, por si me peiné bien, por si estos pantalones me hacen gorda o no y por si tengo el último CD de mi cantante favorito de esta semana. ¿A quién le importa el estado de mi alma y desde cuándo se supone que tengo una? A mí me preocupa la decadencia de esta generación a la que al parecer pertenezco, aunque eso es otro tema. Por otro lado, las personas son contradictorias, pues entre preocupaciones tan efímeras como los cortes de pelo o el fin de semana, encontramos una trascendencia terrible en cosas que no sé hasta qué punto deberían tenerla. Dos personas pueden estar años enfadadas por algo que ya ni recuerdan. El mundo iría mejor si alguien preguntase de vez en cuando si lo que se está haciendo en ese momento tendrá alguna relevancia dentro de un año. La mayoría de disgustos, frustraciones y preocupaciones en realidad no importan absolutamente nada, y no son más que estrés injustificado y tiempo perdido. Las personas dicen que quieren ser felices, pero lo cierto es que no lo parece. No lo parece en absoluto.

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Nacemos y morimos solos.

Nacemos solos y morimos solos. Habrán oído esta frase mil veces, a Orson Wells, al protagonista del Arte De Pasar De Todo, es igual, cita explotada y reciclada hasta la saciedad. En mi opinión es una afirmación terrible. Lo repetiré a ver si esta vez os impacta: nacemos y morimos solos. Solos. Solos significa en soledad, sin nadie, en ausencia de otras personas que compartan nuestra alegría, nuestro dolor y nuestra vida. No hay nadie en quien se pueda confiar. Nadie te va a ayudar, nadie te servirá de apoyo, nadie te dará nada. Definitivamente es una frase horrible. Pero apuesto a que la habrán escuchado innumerables veces, y nunca les ha causado verdadero escalofrío. Nacemos y morimos solos. Por un oído me entra y por el otro le sale. ¿Por qué? ¿Sólo a mí me importa nacer y morir sola? Claro que no. La soledad es posiblemente el mayor problema que el hombre ha tenido y jamás tendrá, no es un asunto trivial en absoluto. Entonces, ¿por qué a la gente no le impacta esta frase? ¿será tal vez porque no se lo creen? Es posible, pero poco probable. La mayoría de personas que hayan recapacitado sobre ello al menos un momento se habrá dado cuenta de que así es. El nacimiento y la muerte son de las pocas cosas que todas las personas tienen el común, sin importar el sexo, color o posición. Y todos lo hacemos solos. Si la gente sabe que nace y muere sola, y es un hecho que le importa, ¿por qué muestran indiferencia ante esta cita? Porque nacimiento y muerte son dos momentos, principio y fin, entre los cuales transcurren normalmente varios y largos años que la frase elude, y el hombre, satisfecho, supone pues que los pasará acompañado. La pregunta ahora es, ¿vivimos solos? Es fácil, reconfortante y bonito responder que no. Pero también es mentir.

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A la niña hueca:

Vives dentro de un crisol
el rostro siempre radiante
peinas tu pelo brillante
envidiado por el Sol.
 
Pues es esa la razón
de tu completa existencia
es esa toda la esencia
de tu inerte corazón.
 
Parece ser de cartón
Órgano frío e informe
Y tú pareces conforme
Con tan triste situación.
 
¿Es que no puedes ver, niña,
Que todos tus pensamientos
Son efímeros momentos
Caducos de la noche al día?
 
Que tú sólo te preocupas
De superficies banales
Bellezas artificiales
De examinarte con lupa.
 
Eres sólo un envoltorio
Guardando algo que está hueco
Tanto que llega a hacer eco
Un inútil accesorio.
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